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Empresas con corazón
TRIBUNA
Sentido y sensibilidad
A menudo pienso que la nuestra es, cada vez más, una sociedad dual. Una de las caras es la del crecimiento económico de los últimos años, la del progreso cultural, sanitario, educativo, socioeconómico; pero también hay otra cara –muy conocida por Cáritas- que es la de la desigualdad social, la precariedad laboral, la soledad de las personas mayores, el desarraigo, la angustia de los jóvenes mileuristas, la exclusión de quienes han perdido el tren del desarrollo.
Ante esto, muchas personas e instituciones permanecen indiferentes, quizás por su desconocimiento de la realidad más próxima o por el bombardeo de los medios de comunicación. Pero también hace falta decir que hay muchas, muchísimas personas y entidades que tienen mucha sensibilidad y hacen todo el posible por paliar la pobreza y la exclusión. Sensibilidad que, en el caso de las empresas, se está materializando a través de la Responsabilidad Social Corporativa. Empresas que dan un nuevo sentido a su función social cuando ayudan a las personas que más lo necesitan.
Desde aquí nuestro agradecimiento a todas las Empresas con Corazón, que tienen sentido y sensibilidad hacia el trabajo de Càritas.
Jordi Roglà de Leuw
Director de Cáritas Diocesana de Barcelona
L'nformatiu EcC, número 5
Junio 2008
¿Por qué deben tener corazón las empresas?
¿Tienen corazón las empresas? Sí, el corazón de sus propietarios, directivos y empleados. El mismo corazón que tienen los profesionales, trabajadores, autónomos y amas de casa que, frente a las necesidades de los demás, se preguntan: «¿Hay algo que pueda hacer yo?». Y se dicen a sí mismos que sí hay algo que pueden y deben hacer, pues conocen las necesidades (basta de cerrar los ojos), tienen medios para responder a ellas (pocos medios tal vez, pero están dispuestos a compartirlos) y han sabido dar soluciones generosas a las dificultades que todos sabemos plantearnos cuando nos resistimos a ser generosos: «¿No será más justo que les ayuden quienes más pueden?».
¿De qué sirve mi pobre donativo frente a las enormes necesidades que hay en el mundo? ¿Y si yo necesitara el dinero más adelante? Conozco a personas y empresas que dan cuando les da la gana, otras que dan cuando les viene bien —esto es mejor—, otras que dan siempre que pueden, aunque no les venga bien —esto es aún mejor—, y otras que han convertido a los necesitados en socios de su negocio, con quienes reparten los beneficios, no las pérdidas, por supuesto. Y directivos y empleados que han aprendido a hacer un hueco en sus agendas para dar algo más que dinero: su tiempo, sus conocimientos, sus capacidades y sus ilusiones.
Lo que se conoce como responsabilidad social de las empresas no se limita al hecho de dar dinero. Pero tener corazón y mostrarlo de este modo es una buena manera de ser responsables porque nos obliga a pensar en los demás, en lo que necesitan, en lo que podemos hacer por ellos y en lo que podemos esperar de ellos. Eso sí es ser responsable. Y si quien lo practica es un directivo de empresa, va camino de ser un buen directivo.
Antonio Argandoña
Cátedra “la Caixa” de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo
IESE Business School, Universidad de Navarra
El informativo EcC, número 4
Abril 2008
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