El manifiesto, que empieza afirmando que “los niveles de pobreza en África son inaceptables”, está firmado por la Conferencia de Iglesias de Toda África (CETA, en siglas francesas) y el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SCEAM), dos organismos que representan a 600 millones de personas en el continente africano y que estarán también presentes en las negociaciones de Accra.
Los líderes religiosos urgen un cambio en la manera de gastar el dinero de la ayuda al desarrollo, sobre todo en cómo llega a las comunidades locales a las que está destinado.
La Iglesia en África es una de las instituciones que proporciona un mayor volumen de ayuda para cubrir las necesidades de salud, educación y otros servicios sociales. En su declaración, sus líderes piden que la ayuda se canalice “por medio de consultas en las que participen las personas del país al que se dirija”. También dicen que uno de los puntos clave es poner fin a las condiciones impuestas por gobiernos e instituciones donantes a la hora de dar el dinero. También señalan su preocupación por la creciente militarización de muchas ayudas al desarrollo y la promoción de una cultura del consumismo a costa del desarrollo sostenible.
Durante estos días Cáritas trabaja con la CETA, el SCEAM y otras redes confesionales para organizar actos ecuménicos que tendrán lugar en un foro paralelo durante la cumbre de Accra. Está previsto que empiecen con una oración ecuménica el 31 de agosto.
El documento es el fruto de una conferencia de la CETA que tuvo lugar en Nairobi (Kenia) del 21 al 23 de mayo de este año.