Además, los trabajadores sociales de Cáritas que trabajan “en primera línea” muy a menudo reciben casos de los que otros no se ocupan por ser personas en situación de deterioro extremo. Para responder a esta necesidad, el primer módulo de la XVI Escuela de Formación Social de Cáritas, que concluyó la semana pasada en El Escorial, incluyó un curso sobre intervención social con personas excluidas afectadas por enfermedad mental.
Para la coordinadora de este curso, Margalida María Gost, del Centro de Día San Carlos de Cáritas Zaragoza, “es importante saber detectar bien la sintomatología, y esto es algo que a veces puede requerir al menos dos meses”.
Ana Belén García, educadora social en un centro de transeúntes de Cáritas Mérida-Badajoz desde hace cuatro años, es una de las 18 personas que han participado en este curso. Ha elegido este curso porque cada vez tienen más casos de personas con problemas de salud mental. En el centro donde trabaja viven 28 personas, a las que ayudan a organizarse, hacer gestiones para tener acceso a servicios sociales y tener una vida con una cierta normalidad.
En otra aula en el mismo piso catorce personas siguen un seminario sobre los objetivos del milenio para erradicar la pobreza.
“Así se destruye la vida de un pequeño agricultor –explica Paco, su coordinador- Se obliga a su país en África o en Suramérica a que abra sus mercados a las importaciones de excendentes de los países ricos y de esta manera sus productos no pueden competir”.
Kabukala Mwanji, un congoleño que lleva dos años en España, asiente convencido y pone un ejemplo de cómo esto ocurre en su país de origen. Mwanji colabora como voluntario con el programa de inmigrantes de Cáritas de la diócesis de Calahorra-Logroño. Allí asesora sobre cómo conseguir documentos y da charlas de sensibilización en colegios.
Sergio Gisbert es otro de los participantes en este curso. En la vicaría de Valencia en la que presta sus servicios para Cáritas hay muchos inmigrantes búlgaros y rumanos, en su mayoría gitanos, que encuentran fácilmente trabajo durante épocas de recolección en el campo. Cuando les falta el empleo acuden a las parroquias a solicitar ayuda.
Otras dos participantes, de Cáritas Cuenca, siguen con atención la explicación que desgrana los tejemanejes del comercio internacional. De esta manera entienden mejor la situación de pobreza de la República del Congo, donde su diócesis apoya varios proyectos de salud y educación desde hace pocos años.
Además de estos dos cursos, los participantes en este primer módulo de la Escuela de Formación Social de Cáritas pudieron elegir entre más ofertas. Muchos trabajadores sociales involucrados en proyectos educativos siguieron con interés las dinámicas y juegos que abundaron en el curso de Educación para la No-Violencia, impartido por Carles Vives, de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónboma de Barcelona.
Una buena parte de la acción social de Cáritas se desarrolla en parroquias. Esto explica que otro de los cursos fuera sobre la Animación de la Comunidad Cristiana. Su coordinadora, Rosa Belda, explica: “Tenemos que saber cuándo hablar de Dios y cuándo callar… dejando hablar sólo al Amor”.
Una de las participantes en este curso es María Jesús Rodríguez, que coordina la orientación y formación de los algo más de mil voluntarios que prestan sus servicios en Cáritas de Canarias. Atienden mayoritariamente a inmigrantes y personas sin hogar, y reciben formación en aspectos sobre orientación jurídica, escucha activa o análisis social. “Este curso me ayuda a profundizar en el sentido que doy a mi trabajo”, señala María Jesús.
Durante esta semana el curso de formación social continúa con su segundo módulo, que está dedicado a la Escuela de Caridad, de contenidos más teológicos. A este curso se han apuntado 94 personas, en su mayoría directivos y responsables de Cáritas en diócesis y parroquias.