Desde la perspectiva que nos ofrece la acción humanitaria de la red Cáritas en todo el mundo y del propio compromiso de cooperación fraterna de Cáritas Española con numerosos pueblos del Sur, queremos hacer pública nuestra reflexión y posicionamiento sobre este acuciante problema.
En primer lugar, es preciso recordar que la actual crisis de alimentos es el reflejo de un grito de dolor mucho más antiguo, que ahora se agrava por una serie de factores que, sin restar importancia a las catástrofes naturales o al aumento de la demanda de alimentos por parte de algunos países, nos implican y nos comprometen a todos en la medida en que se trata de causas evitables. Nos referimos, por ejemplo, a la especulación que en ciertos ámbitos financieros se lleva a cabo con la compraventa de títulos de futuras cosechas. O al almacenamiento de reservas de alimentos por parte de las grandes transnacionales, a la espera --y tal vez provocando- del alza de los precios. Al mismo tiempo, el auge de los agrocombustibles no sólo incide en la subida de los precios de determinados productos agrícolas, sino que también está reduciendo la superficie de tierras dedicadas al cultivo de alimentos y provocando el éxodo de los pequeños campesinos del campo hacia la ciudad.
Todos estos factores coyunturales han encontrado un terreno abonado. De cada cuatro personas que padecen hambre en el mundo, tres son agricultores. En sólo unas décadas, la agricultura se ha convertido en un lucrativo agronegocio en el que se destinan tierras y recursos naturales que antes proporcionaban alimento a millones de personas para cultivar productos destinados a la exportación hasta los países ricos. Un número reducido de empresas determinan qué se produce, cuánto, quién y a qué precios. Pueblos que antes eran autosuficientes, dependen ahora de los alimentos que tienen que comprar en el exterior o de la ayuda alimentaria internacional. Las consecuencias de este proceso están a la vista: millones de familias sin acceso a la tierra, al agua o a las semillas. Muchas de ellas han abandonado ya sus tierras, o lo harán pronto, para instalarse en los suburbios de las ciudades e, incluso, jugarse la vida en el incierto camino de la emigración hacia países muy lejanos.
Es el momento de exigir decisiones y actuaciones urgentes, aunque, dada la complejidad de la situación, su naturaleza planetaria y la confluencia de diferentes factores que inciden sobre este fenómeno, es necesario, también, sumar esfuerzos por parte de todos, desde los aspectos más inmediatos a lo más general.
La Confederación Cáritas Española, que tiene en los programas de seguridad alimentaria uno de los ejes prioritarios de su trabajo humanitario en el campo de la cooperación internacional, invita a los poderes públicos, a todos los agentes sociales, a toda la comunidad cristiana y al conjunto de la opinión pública a involucrarse en la solución de la crisis de alimentos.
Para ello, Cáritas urge al Gobierno Español y la Unión Europea para que hagan un ejercicio de responsabilidad que vaya más allá de unas medidas de mínimos de cara a la opinión pública y respondan con amplia generosidad al llamamiento urgente de ayuda lanzado por las Naciones Unidas para sostener los programas de ayuda alimentaria emergentes.
Asimismo, deben atenderse las exigencias planteadas por la FAO y otros organismos especializados, demandadas también por gran parte de la sociedad civil, para suspender las políticas de subvención y fomento de la producción de agrocombustibles, además de ejercer un mayor control sobre las actividades financieras especulativas, en especial sobre las que afectan a los precios de los alimentos y a los llamados mercados de futuros de cosechas.