Participaron en la celebración eucarística doce sacerdotes, entre los que había el Dr. Jaume Aymar, delegado diocesano de Apostolado Seglar, i don Joan Costa, rector de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario. Asistieron a la celebración un gran número de miembros del movimiento de los Focolares en la archidiócesis y representantes de otros movimientos cristianos, como la Comunidad de Sant’Egidio i Comunión y Liberación.
El cardenal, en la homilía, hizo referencia al día 7 de diciembre de 1943, cuando Chiara Lubich, en medio del odio y la violencia de la Segunda Guerra Mundial, ella se entregó plenamente al Señor, fundando el movimiento de los Focolares. “En este contexto –dijo el cardenal-, Dios que es Amor y Unidad, estaba presente en este mundo y también actuaba en la humanidad. Chiara escuchó el testamento de Jesús, el sermón de la Santa Cena que hoy hemos proclamado y ofreció a la humanidad un mensaje de amor y de unidad, un mensaje de esperanza. La vida de Chiara es un canto al amor de Dios”.
“Ella y los focolarinos y las focolarinas han ido viviendo y proclamando en todas partes este mensaje principalmente con el testimonio de su amor y de su unidad. He tenido el gozo de compartir con Chiara Lubich reuniones y trabajos en las asambleas generales del Pontificio Consejo para los Laicos –añadió el cardenal Martínez Sistach. Sus intervenciones eran muy esperadas y escuchadas. Hablaba de Jesús subrayando aspectos capitales del carisma que había recibido. Comunicaba paz, unidad y alegría. Ella decía que ‘la alegría es el vestido del cristiano’”.
“El movimiento –dijo finalmente el cardenal- tiene una valiente apertura ecuménica y mantiene un diálogo con las religiones. Juan Pablo II ha definido a los Focolares como ‘apóstoles del diálogo’, camino privilegiado para promover la unidad: diálogo dentro de la Iglesia católica, diálogo ecuménico y diálogo interreligioso”.