“Son ya demasiados los keniatas que han sido asesinados o han perdido sus hogares”, señalan el cardenal Maradiaga y monseñor Lwanga en su llamamiento, al tiempo que lamentan “el asesinato del padre Ithondeka y de otros muchos que han perdido sus vidas innecesariamente”. “Estas muertes –añaden— deben servir como revulsivo para que los líderes políticos hagan cuanto esté en sus manos para salvar a Kenia del abismo. Aunque harán falta ya varios años reconstruir el país, todavía estamos a tiempo de evitar una catástrofe. El Gobierno de Kenia y los partidos de la oposición deben dar pasos inmediatamente hacia una solución pacífica, apoyando todos los intentos de diálogo para poner fin a la crisis”.
Los presidentes de Cáritas Internationalis y de Cáritas Africa aseguran que “todos los keniatas deben condenar estos crímenes y a los asesinos que los han cometido. No hay justificación para la muerte de inocentes”. Recuerdan, además, que “los obispos de Kenia han instando a un cese inmediato de la violencia y de las situaciones que la originan, tanto la convocatoria de manifestaciones como el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía o del ejército”.
El llamamiento invita “a los keniatas a perdonarse mutuamente y a mirar los conflictos que tiene lugar a su alrededor, en Somalia, en Sudán o en Uganda, y preguntarse a sí mismos si desean enfrentarse a un sufrimiento aún mayor”. “Eso es lo que sucederá si continúan por este camino. No es tarde aún para alcanzar la paz, pero el tiempo se acaba”, alertan.